domingo, 14 de octubre de 2007

Todos los nombres de Adán 1-5


"Todos los nombres de Adán..." es una serie de artículos que ensayan, a través de figuras y nombres de la perdición, un mesianismo sin Mesías, o lo que es lo mismo, un mesianismo sin Dios. ¿Y es que si no cómo íbamos a encontrarlo? En un mundo dirigido por el orden del desastre pseudo-administrado, toda promesa de felicidad mesiánica para-este-mundo es un desafío al poder que lo gobierna...

Todos los nombres de Adán 1: "La Capitana".
1. Si trabajar es ensayar la muerte,
¿por qué lo hacemos tanto?

2. Si viviéramos en el s.xvii o xviii con el incremento de precios de estos últimos años ya habríamos incendiado el Corte Ingles de cada ciudad con su ayuntamiento por lo menos una vez. (...)
Todos los nombres de Adán 2: "La locura".

El horror se halla bajo la convención de las relaciones sociales... algo así dice Nietzsche en la Genealogía de la moral... El loco dice la verdad, o también el loco al quedar encerrado en "nuestro" límite, en "nuestro" manicomio, señala desde el exterior el centro del que se lo aparta como aberración, por eso cada cultura tiene sus propios "locos", extravagantes, videntes, eremitas de las lindes...

Pero hoy el loco es sobretodo el ser caído, aquel que no ha podido sostenerse a sí mismo, no ha podido soportarse o soportarlo más (...)

Todos los nombre de Adán 3: "El desaparecido".
"Para decirlo todo, en ninguna otra parte aparece más claramente (que en el sueño) que el deseo del hombre encuentra su sentido en el deseo del otro, no tanto porque el otro detenta las llaves del objeto deseado, sino porque su primer objeto es ser reconocido por el otro."
Jaques Lacan, Escritos, 1. "Función y campo de la palabra" (p. 257)
Pero había otra razón por la que le llamábamos "el desaparecido", y era por su capacidad para hacer desaparecer los más variados objetos de las empresas de la precariedad cultural, librerías gentry-fication, grandes almacenes, otros grandes almacenes u otros grandes almacenes, pero también de tiendas que creen desprender prestigio cuando lo único que desprenden es un tufo asqueroso de precariedad, trabajo malpagado, relaciones de mierda, espacios de control obsesivo, etc...

Todos los nombre de Adán 4: "una historia de amor".
I
La resistencia de los afectos a abandonar la confusión
La confusión abandonada en las ruinas que conocemos
Y es que vamos viviendo a ciegas tantas veces, confundiendo
los nombres
Y otras veces una certeza resplandece
Con el cuerpo roto tras la enfermedad
Sentida la verdad ancestral del accidente y su razón
¡Detente! ...no sigas una senda circular de laberinto, donde
nunca alcanzarás ese pasado que es sombrero
de todos los días futuros.
Aquello que olvidaste que buscabas y olvidaste. (...)
Todos los nombres de Adán 5: "la promesa de felicidad"
Sólo "la promesa de felicidad" mesiánica que transforma el regalo presente de la realidad objetiva, dejándola casi igual, pero completamente diferente, puede liberar un espacio-de-experiencia para que el amor, como experiencia fundamental pueda (...)

sábado, 13 de octubre de 2007

El Malabarista



Pronto, el Tarot del presente-por-venir de Barcelona,
va a jugarse en el límite doloroso de la sensibilidad
y el pasaporte, donde la carne se encuentra con el
cielo a través de la mediación de la palabra: "el
lugar del gran Otro". Y del chiste.

Estrangular la lógica del decir; corromper la gramática
del orden; sacar de los goznes la retórica del hechizo.
Para barrer a la precariedad de la historia hace falta mucho
más que palabras. Pero a la historia le bastan las
palabras que dice el orden cuando estas son escuchadas.
Porque en un mundo sin memoria, donde, "como sobre la
superficie del agua, la imagen hace desaparecer a la
imagen" (Debord, Comentarios...), la historia pasa, como saber de la
dominación y las estructuras, y de la estructura de la injusticia, a
ser inconsciente, a operar por detrás y por debajo, como eternidad
falsa de la temporalidad de lo falso. Un conjuro de la impotencia que
"presenta" lo más viejo como lo más nuevo: un poder que cicatriza las
heridas a hachazos, encierra de por vida a los pobres que se resisten, clau-
sura el espacio urbano imponiendo la necesidad de un incremento
exponencial, intensivo y extensivo, de la policía y la pena.
Incremento correlativo y concomitante con el de la deuda,
la angustia concreta: el miedo, y la culpa.


El malabarista es un estado de la vida, es el momento en el que la ilusión toma cuerpo en un genio danzante que te posee, y que disparando la habilidad permite mantener diferentes cosas en movimiento a la vez. Es cuando la precariedad se vuelve contra sí misma:
entonces, si "la precariedad es un frontera que parte por la mitad mi vida"(1), mi vida se convierte en una frontera que parte por la mitad la precariedad, permitiendo a la circularidad que fluya de nuevo.
Equilibrio dinámico, el malabarista es la re-generación de la vida atravesada por una pasión invencible. Su transformismo es parte de su habilidad, como su transparencia para con el rojo de la pasión. El malabarista está dibujado porque la naturaleza imita al arte, la ilusión es el motor más importante de la vida.

Ilusión es cuando deseo y realidad se encuentran. Si se encuentran en la realidad la ilusión puede devenir magia (efecto/afecto), o ilusionismo (truco/efecto). Pero si se encuentran en el deseo la ilusión deviene pasión. El rojo es el estallido de la vida, de la pasión donde todo ocurre, incluso el tiempo. El malabarista es el genio danzante que tiene el reloj de tiempo en su mano y baila encima de él. El cuadro verde en la cabeza indica la cabeza fría, ya que la pasión que no es mediada por la inteligencia serena no conduce sino a hundir tu vida en la impotencia.

El reloj tiene una dureza y una resistencia especial: El tiempo es oro. El tiempo oro deslumbra y fascina empujando hacia el futuro el momento de la verdad. Porque como se ha dicho la precariedad es el primer momento de la historia en que ya no puede decirse "cualquier tiempo pasado fue mejor" porque la envidia se ha girado hacia el futuro:
"Contemplo el techo de la estación, melancólica envidia del futuro." (2)
"En el futuro mi casa será mía, pero yo ya no existiré".
(1)
El malabarista patina sobre el tiempo, lo supera en velocidad para parar en seco y dar un salto mortal. Invierte la pesadez de tiempo desde el momento en que no quiere salvar la incertidumbre que la precariedad pone en el centro de nuestras vidas (empujándolas hacia un futuro envidiado). Añade incertidumbre a la incertidumbre, pone su propia vida en juego, mantiene en el aire a toda velocidad los contactos fugaces, los compromisos necesarios, los bellos ensayos y los equívocos y equivocaciones.

Si el tiempo es oro el movimiento es poder, y a partir de una cierta velocidad crítica la materia ya no queda sometida a propiedad privada o intercambio económico sino que la mano va más rápida que el ojo y así es como la okupación consigue sacar casas de un sombrero, o cualquiera puede sacarse una baja de la manga. Porque libertad no es poder elegir, sino elegir poder.

La libertad que elige poder no es la simple y ya vieja libertad individual, que si no se encuentra en una posición social ventajosa fácilmente puede quedar en la impotencia de tener que elegir sobre opciones impuestas, obligatorias. La libertad que elige poder-poner en juego la propia vida se funda en el vacío de una decisión individual pero se despliega en una alianza de amigos. Y es que como dice un dicho israelí: el que come solo muere solo.

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(1) Bloqueando la circularidad de su reproducción cotidiana: con precios inasumibles para vivienda, alimentación, transporte, etc., fronteras interiores racistas, clasistas, machistas, etc., ordenanzas neofascistas, convenios miserabilistas, leyes de extranjería neoesclavistas, en definitiva con todo esta política de apartheid económico, social y cultural.
(2) Frase célebre de sublibrarian of the year
(3) Citado de memoria de cierto texto en miles

viernes, 12 de octubre de 2007

HOMENAJE A LA BANDERA

martes, 9 de octubre de 2007

in seguridad


Texto arrancado de una memoria sin memoria, cuando el acceso a uno mismo está mediatizado por la imposibilidad histórica de vivir y los accesos del paso "de una menor a una mayor perfección" se deshacen como madejas empapadas...


Miércoles 28 de Septiembre 2005

Ayer caminando por Tel-Aviv recién anochecido, volvíamos de pasar el día en Jerusalem, el microbús nos dejo junto a la nueva estación central de autobuses, parecía que una bomba pudiera estallar en cada esquina. El virus de la inseguridad arrastrado por el flujo de la sangre riega tus centros nerviosos. En realidad sería muy fácil. En cada entrada a la gran estación han instalado unas vallas formando pequeños pasillos donde la gente espera a que unos vigilantes hayan revisado las mochilas y los pasaportes y hayan pasado junto a tu cuerpo un detector de metales. Ayer alguna de las entradas estaba casi vacía, pero había una con unas cincuenta personas amontonadas unas encima de otras esperando la revisión con impaciencia, justo al lado una parada de taxis con los taxistas fuera del coche charlando animadamente sobre la acera; a unos quince metros un puesto iluminado donde vendían cruasans. La dependiente se arreglaba las uñas, la radio gritaba melodías confusas y timbre de locutor homologados. Al suicida no le hubiera hecho falta pasar ningún control, no le hubiera hecho falta disimular su carga fatal junto a su cuerpo ni disfrazarse de judío ortodoxo.



Es como si la condición de seguridad se transformara a partir de un cierto punto crítico en condición de in-seguridad. Caminaba soñoliento junto a otras milésimas, llevaba una mochila negra a la espalda y a pesar del tinte muy pálido de mi piel descubría sobre mí y sobre mi espalda miradas alarmadas, golpes perceptivos, calambrazos de miedo.